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En pocas palabras: de la pesca a tu cesta de la compra, trazabilidad de una lata de atún gracias al blockchain

Elena Luoto, Christian Sharp20/08/20267 minutos de lectura

En pocas palabras: de la pesca a tu cesta de la compra, trazabilidad de una lata de atún gracias al blockchain

Coge una lata de atún y fíjate en la etiqueta: respetuoso con los delfines, pescado con caña, de origen responsable... Suena muy bien, pero ¿cómo puedes comprobar si todo eso es cierto? Confías en la marca, que a su vez confía en un distribuidor, que confía en un barco en el que nunca pondrás un pie. Es una larga cadena de «solo confía en mí».

La trazabilidad de la cadena de suministro basada en blockchain busca sustituir parte de esa confianza por pruebas. Para entender cómo lo hace, primero tenemos que aclarar un término que suena mucho peor de lo que realmente es: «trustless» (sin confianza).

Qué significa realmente «trustless»

«Trustless» es un nombre poco afortunado para una idea que, en realidad, es muy buena. No quiere decir que no puedas confiar en nadie. En realidad significa que no tienes que confiar en ninguna persona o empresa para que el sistema funcione, porque el sistema está diseñado para que hacer trampas resulte muy difícil y, sobre todo, muy evidente. Imagina un viaje con amigos y una hucha común. Si una persona se queda con todo el dinero, todos dependéis de que esa persona sea de fiar. Ahora dale la vuelta: cada uno lleva un cuaderno idéntico en el que anota todos los pagos y ningún apunte se acepta hasta que la mayoría de los cuadernos coincida. Nadie está a cargo, pero las cuentas siguen cuadrando. Manipular tu copia no te sirve de nada, porque las demás no coincidirán con la tuya.

Eso es, en esencia, una blockchain: un registro compartido, replicado entre muchos participantes, en el que es el grupo —y no una autoridad central— quien decide qué es válido (en este artículo explicamos cómo funciona ese acuerdo, o «consenso», para quien quiera profundizar en la parte técnica).

Del océano a tu carrito de la compra

Entonces, ¿qué tiene que ver todo esto con esa lata de atún?

Cada vez que el pescado pasa de unas manos a otras, se incorpora un nuevo registro a su historial, gran parte del proceso es automático. El pescado recibe una etiqueta en el momento de la pesca y la captura se registra en una aplicación: qué especie es, dónde y cuándo se pescó y quién la capturó. Después de eso, los escáneres en el barco, en el muelle y en la planta de procesamiento leen la etiqueta y añaden cada paso al registro, sin que nadie tenga que volver a escribir nada manualmente. Cuando se sella el pescado en las latas, cada producto nuevo obtiene su propia entrada, vinculada a la captura original. Para cuando llega al estante, todo está detrás de un código QR en la propia lata: escanéalo con tu teléfono y podrás seguir el rastro del pescado hasta el barco. Una advertencia a tener en cuenta: esto demuestra que el registro no ha sido alterado desde que se escribió, no que la primera entrada fuera cierta. La etiqueta y la comprobación automática de ubicación están ahí para hacer que ese primer registro sea más difícil de falsificar.

Y no es algo meramente hipotético. Un proyecto piloto muy conocido dirigido por WWF se propuso rastrear el atún desde el «cebo hasta el plato» a través del Pacífico, etiquetando cada pescado y registrando su viaje paso a paso. El resultado es un rastro de procedencia que puedes seguir hacia atrás: desde el estante, hasta el distribuidor, hasta el propio pescador. La misma idea puede aplicarse al atún, a los tomates, a los medicamentos o a las piezas de automóvil. Escaneas un código y la historia del producto que tienes delante aparece en tu pantalla.

Por qué es tan difícil hacer trampas

Aquí está la verdadera fuerza del sistema. Como cada registro está conectado con el anterior, no puedes cambiar una entrada discretamente.

Si modificas un eslabón, tienes que modificar todos los que vienen después: es como si tuvieras que reescribir todo un libro de historia para cambiar una sola frase. Además de eso, el registro no está almacenado en un único lugar. Está copiado por toda la red, y las copias se comparan continuamente entre sí. No todos los «nodos» —los ordenadores que mantienen la red en marcha— almacenan una copia completa de cada transacción, pero muchos sí. En una red pública grande puede haber decenas de miles de copias completas. Es como en un grupo grande de amigos, cada uno con su propio cuaderno en el que apunta todos los gastos del viaje. Además, para imponer una versión falsa de los hechos, no basta con ejecutar muchos de esos ordenadores; tendrías que controlar más de la mitad de la potencia informática de la red a la vez, para que tu versión supere en votos a todas las demás. En una red de ese tamaño, es una tarea prácticamente inviable. Así que, aunque el fraude no es imposible, se vuelve tan difícil, tan costoso y tan visible que normalmente no merece la pena intentarlo.

Lo que realmente nos aporta la trazabilidad de la cadena de suministro

Cuando el origen de un producto es tan difícil de falsear, surgen varias ventajas importantes.

La primera es la transparencia. Cualquiera que tenga permiso puede consultar el recorrido del producto en lugar de tener que confiar en la palabra de una empresa. Esto es especialmente importante en el caso de las afirmaciones sobre prácticas éticas —«pescado de forma sostenible», «libre de conflictos», «sin trabajo forzoso»—, que durante mucho tiempo han sido fáciles de usar y difíciles de verificar.

También deja menos espacio para la corrupción. Muchas prácticas deshonestas se esconden en los puntos de conexión entre empresas, donde los documentos de una parte no tienen por qué coincidir con los de otra. Un libro de contabilidad compartido elimina esas brechas. Ese era uno de los objetivos principales del proyecto del atún: en esta misma industria se han documentado casos de pesca ilegal, trata de personas y trabajo forzoso, y contar con un registro resistente a las manipulaciones hace que sea mucho más difícil ocultarlos. Si los registros tienen que cuadrar en cada etapa, hay mucho menos margen para sustituir el producto por otro más barato, falsificar un certificado o hacer que un envío desaparezca sin dejar rastro.

Una salvedad importante

La cadena de bloques es potente, pero no es magia, y merece la pena ser claros sobre sus límites.

Una blockchain puede demostrar que nadie ha alterado un registro desde el momento en que se introdujo. Pero no puede demostrar que la información fuera cierta desde el principio. Si un proveedor deshonesto etiqueta el pescado equivocado como capturado de forma responsable, la blockchain hará su trabajo a la perfección y conservará esa mentira para siempre. Es la regla de siempre: garbage in, garbage out. Por eso, la trazabilidad funciona mejor cuando va acompañada de controles fiables en el punto de entrada: inspectores, sensores, etiquetas que no puedan manipularse... El blockchain protege el recorrido, pero todo depende de que la información sea honesta desde el primer momento.

En resumen

Con esta salvedad en mente, una trazabilidad de la cadena de suministro de este tipo supone un cambio importante: muchos «confía en mí» pueden transformarse en «compruébalo». Y tu lata de atún podría tener que respaldar sus promesas con algo más que buenas palabras.

Este tipo de redes necesita una infraestructura segura, rápida y siempre disponible. Y esa es precisamente la clase de base fiable que OVHcloud está preparado para ofrecer.

Y si te has quedado con ganas de saber cómo consiguen ponerse de acuerdo las blockchains, puedes continuar la lectura con nuestro artículo explicativo sobre cómo funciona blockchain.


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